lunes, 3 de octubre de 2011

No me quieras tanto

Mané Castro Videla
Mujer en permanente construcción.... Feliz !!!

De un tiempo a esta parte quedo con personas que, en realidad, no tienen un gran interés en charlar conmigo. Esto podría minar mi autoestima pero una suerte de optimismo insensato me lleva a pensar que amar y no hacer ni puto caso pueden ser compatibles. Yo sé que esas personas que no muestran mucho interés en hablar conmigo me quieren. Si no fuera así, entendámonos, no quedaría con ellas.

Esas personas me escriben mensajes rebosantes de cariño: por e-mail, por sms, por Whatsapp, por Facebook, por activa y por pasiva. Y en esos mensajes hay frases tan apasionadas que parecen extraídas de un bolero. Son frases que antes en España no se decían pero que, ahora, gracias a la revitalización del género epistolar propiciado por las nuevas tecnologías, están en auge. Esas personas me dicen que me adoran. Que me adoran y que cuentan los días para verme. Que cuentan los días y que me quieren. Que me quieren y que nos va a faltar tiempo en una cena para contarme todo lo que me tienen que contar. Que nos va a faltar tiempo y que están deseando conocer mi opinión. Que desean conocer mi opinión y que nadie como yo para compartir este y otro secreto. ¿Y por qué? Porque soy adorable. Eso me dicen.
El mundo de la tecnología ha bolerizado el género epistolar. Ha generalizado el lenguaje de las postales románticas y ahora lo que toca es escribirse con palabras de novios antiguos de los años cuarenta. Y, aunque yo soy de esa generación en la que si tus padres te decían 'te quiero' es porque o se iban a morir ellos o te ibas a morir tú, tengo el corazón débil y, cuando una persona me pide una cita con palabras tan melosas, soy incapaz de no creerme un poco la pasión que sienten hacia mí. Esas personas son las que te reciben con los brazos abiertos en un restaurante, te dan un beso apretado y unen sus pechos sin pudor contra tus pechos, por no hablar de otras partes que también entran en contacto, en estos abrazos actuales; sean hombres o mujeres los que intervengan en ellos.
Esas personas son las que acto seguido de desdoblar la servilleta y ponerla sobre sus piernas, sacan el móvil del bolso o de la chaqueta y lo colocan al lado del plato. Esas personas de las que hablo, las mismas que me adoran por escrito, suelen tener un iPhone o una Blackberry, a través de los cuales me escriben a mí esos deliciosos mensajes. El problema es que mientras están conmigo no renuncian a comunicarse con terceras personas. Con un ojo me miran a mí, que estoy situada a la izquierda, por ejemplo, y por el rabillo del otro, miran a su querido aparatito. Suena una campanilla.
Les ha entrado un mensaje. Lo leen tan rápido que casi no lo noto.
Entonces, sonríen. Sonríen como si alguien les hubiera contado un secreto, o algo picante, o como si les acabara de llegar una información crucial. Pero, desde luego, no sonríen por la conversación que tiene lugar en la mesa. Esas personas, las mismas que, con desesperación, anhelaban verte, te dicen, perdona, perdona un momentito, y se ponen a teclear un mensajito con un solo dedo. Qué dedo más rápido tienen esas personas.
Es un dedo entrenado para escribir como si a uno le hubieran amputado la mano izquierda. Una vez terminado el mensaje la conversación continúa.
Continúa hasta que vuelve a sonar de nuevo la campanilla: el amante, el amigo, el jefe, el cómplice, el plasta, ha contestado. Nueva sonrisa de esas personas que nos quieren tanto.
Y como poco a poco van perdiendo la vergüenza, toman el iPhone o la Blackberry con las dos manos y teclean entonces con los dos pulgares. Qué maravilla de pulgares.
Parece que han ido a una academia de mecanografía con pulgares para iPhones.
Viene el camarero a tomar nota de la comanda y como las personas que tanto me quieren están ya apoyadas en el plato escribiendo a velocidad de vértigo mensajes tan apasionados, imagino, como los que me pusieron a mí, soy yo la que encarga el vino, el picoteo del principio y, si se me ha informado antes, el plato elegido por las personas que tanto deseaban este encuentro.
No siempre una se siente ignorada, en lo absoluto.
Hay ocasiones en las que los dueños de la Blackberry o el iPhone te hacen partícipe de los mensajes recibidos, y tú puedes aportar algo en las contestaciones.
A veces se trata de los amantes y entonces ya vives con excitación delegada. Ha habido ocasiones en las que las personas que me quieren se intercambian fotos con dichos amantes.
No fotos a lo Scarlett Johansson, porque no son horas.
Imagino que ese tipo de instantáneas de corte más íntimo las dejan para cuando están encerrados en el cuarto de baño de su hogar, mientras sus maridos o sus mujeres están acostando a los niños.
El móvil ha supuesto una revolución en el universo de la infidelidad. Quiero decir con esto que no soy uno de esos espíritus rancios que discuten las ventajas que para muchos ciudadan@s ha supuesto la irrupción de la nueva telefonía.
Solamente quisiera expresar el desconcierto que me produce el que personas que tanto me adoran y desean compartir una hora y media de mesa y mantel conmigo no sean capaces de olvidarse del puto móvil durante un tiempo ridículo de sus hiperconectadas vidas.
Que lo comprendo todo, sí, ¡que yo también tengo iPhone!, pero que lo dejo metido en el bolso!!!


Fuente El país

8 comentarios:

Salgado Publicaciones dijo...

Mané
Es verdad por eso razón a pesar de necesitarlo (porque me seria conveniente por mi trabajo en un medio de comunicación me sigo negando a comprar un celular, quizás un día termine perdiendo esa utopía, ese día no estaré feliz, besos

El Perro Vagabundo dijo...

Mané me ha encantado esa forma sencilla de plasmar o de dejar fluir tus ideas o pensamientos. En verdad me sorprendió el texto que me enviaste, ya que publiqué cartas al azar de mi archivo de varios meses o años atras... Pero creo que lo maravilloso es comprender y perdonar las pataletas de nuestras amigas o amistades... Te entiendo y perdono cualquier mal entendido. Mil besos, querida amiga y como tu, odio esos aparaticos que dia a dia incomunican más al hombre.... por culpa de sus comunicaciones.

Norma dijo...

Gracias, mujer maravilla. Toda una denuncia hacia la incomunicación de quienes creen mantenerse más comunicados. Te mando este enorme abrazo virtual y cordial, Norma.

RosaLopez Padial Pintora dijo...

Me gusto mucho Mane, es tan real....
Un beso amiga, cuidate,

betosweet dijo...

Tu manera de ver las cosas, se vislumbra, sin lugar a dudas, en las palabras sencillas y demasiado directas. Soy de aquelllos que frente a un amigo, me comporto como tal. lo escucho y por encima de todo lo respeto. No me siento comprometido con los malditos celulares, no obstante, no los culpo, son las personas las que le otorgan esa importanancia que no merecen.

Abrazotes, Manelita.
beto

Anónimo dijo...

jeje...
lauri
;)

Lilian B. Epstein Gel dijo...

Mané querida, tú lo has dicho...jajaja...para que agregar más palabras...conciso y contundente...
Tqm
Besos y sonrisas muy azules
Lilian

Jorge Sánchez Nadal dijo...

Mari, excelente la elección de este texto. Una muestra más del mundo incomunicado y "light" en el que las relaciones son esporádicas, tenues y rápidas. A la velocidad de vértigo la vida se pasa y los personajes se cambian.
Nosotros que llevamos más de 40 años de alguna manera juntos no podemos comprender esa manera de decir las cosas y actuar de forma diferente.
Toda una filosofía.
Nos hablamos para vernos y cuidáte estos días.

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