martes, 20 de julio de 2010

Capitán Rufino Solano - AZUL-

UN AMIGO QUE SALVÓ MUCHAS VIDAS. LA HISTORIA DEL CAPITÁN RUFINO SOLANO, A 97 AÑOS DE SU MUERTE.


El 20 de julio de 1913, moría en su ciudad natal el azuleño Rufino Solano. Había nacido en esta población el 09 de abril del año 1838, según consta en el acta de bautismo asentada en la Catedral de Azul, siendo bautizado por el Padre Clemente Ramón de la Sota, “capellán del Fuerte del Azul”, era hijo de Dionisio Solano, uno de los cofundadores de Azul en el año 1832 y alcalde rural de “los altos del Arroyo Azul” durante casi veinte años.
La familia de los Solano habitó en el mismo territorio donde se hallaba radicada la tribu de la dinastía Catriel, conviviendo todos ellos en total y absoluta comunión durante décadas (Mapa de la DGYC, Nº 1270-29-3, Cornell, Juan, 1859). Por esta razón, el nacimiento de Rufino Solano aconteció en el mismo lugar y casi en idéntica fecha en la que nació el bravo y legendario cacique Cipriano Catriel, esta cercana relación se mantuvo hasta que se produjo la trágica muerte del cacique, el 19 de noviembre de 1874. Un año antes de este desgraciado hecho, se los vio luchando codo a codo contra un enemigo en común en la memorable Batalla de San Carlos, en la actual ciudad de Bolívar. Cuando Rufino Solano cumplió 18 años ingresó como “soldado raso” en el Fuerte Estomba (cercano a Tapalqué) y, por su parte, Cipriano Catriel ya tenía 30 años de edad cuando finalmente tomó el mando de su pueblo, debemos recordar además que este cacique hablaba perfectamente el castellano y estaba integrado a la sociedad azuleña, donde alternaba su residencia con la casa en el Arroyo de Nievas.
De idéntica forma, Rufino Solano aprendió la lengua originaria, a deslizarse por las interminables y azarosas extensiones y un sinfín de destrezas asimiladas de los amigos de su infancia y de su juventud. De ellos también conoció el valor de la amistad y a ser fiel con la palabra empeñada; se puede afirmar que más que “lenguaraz”, merced a su profunda comprensión del alma del aborigen, Rufino Solano fue un “almaraz”, he allí la gran diferencia.
Estas particulares condiciones y sus notables conocimientos, le permitieron más tarde al capitán Rufino Solano acercarse, permanecer y luego retirarse de los toldos de los más encumbrados y notorios caciques, acordando con ellos tratados de paz y también llevando y trayendo personas cautivas, de ambos bandos. Fueron infinidad de personas las que recuperaron su libertad y salvaron sus vidas gracias a este “hermano capitán” y un amigo de todos. Toda esa gente continuó su vida y sus descendientes viven hoy en nuestra ciudad y en muchas otras más.
Por ello, en nuevo aniversario de su muerte y paradójicamente en el DÍA DEL AMIGO, es justo darle este merecido reconocimiento a este ejemplar ciudadano de nuestro AZUL.-


Mi agradecimiento a Omar Alcantara por su bella amistad... Mané Castro Videla
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