miércoles, 21 de marzo de 2012

El homo informaticus liricus - Álvaro Ancona

El homo informaticus liricus
Álvaro Ancona México D.F.
Escribo novela, porque no puedo escribir cuento,
y escribo cuento. porque no puedo escribir poesía.

William Faulkner

La poesía, y todo lo que representa, vuela por los aires cibernéticos con una fuerza asombrosa. Ya hubieran querido Borges, Paz o Neruda, un universo de lectores a su alcance como lo tienen hoy los poetas o aspirantes atrapados en un nick. Resulta casi imposible hoy en día, encontrar una editorial tradicional que quiera editar y distribuir un libro de poesía. Son empresas lucrativas, que lanzan al mercado productos que garanticen un mercado consumidor cautivo y abundante, y la poesía no lo ha tenido nunca, o bien, los amantes de la lírica constituyen un mercado pobre que no puede comprar libros. Un monstruo económico sin rostro, alma o dirección, ciego y sordo, que no tiene ojos para ver ni oídos para escuchar. No ama a nadie y clasifica a los seres humanos en solventes e insolventes. ¿Cuál es el valor de un poema? Sin embargo, la poesía ha encontrado siempre la manera de volar con sus propias alas; se rebela a las leyes del mercado, circula a través de los medios más insólitos, crece se reproduce y muere ignorando las leyes de la globalización y lar reglas de la mercadotecnia. Un poema no tiene valor, no puede medirse en dólares o francos suizos, no se subasta en la bolsa de valores, pero respira a través de la palabra, sirve de consuelo en tiempos de crisis, enlaza sentimientos, nace de manera espontánea de la sociedad, utilizando como única materia prima a las palabras, que son el alma de esa sociedad que no se deja manipular. Siempre ha buscado sus propios caminos: manuscritos dejados en la mesa de un café, transmisión oral de generación en generación, pergaminos escritos a mano, y finalmente: la red electrónica, sistema circulatorio de la humanidad globalizada que comunica al mundo a través de canales vivos y que nos permite relacionarnos con pares en todo el mundo en tiempo real. La Internet ha servido para muchas cosas: hacer negocios entre países, comunicarnos con los demás, y también como hilo transmisor de sentimientos. La poesía entonces, ha encontrado en el mundo virtual un vehículo inédito para gritar su verdad. Cientos de foros reúnen a los profesionales de la lírica con lectores potenciales de manera interactiva. Un poeta puede recibir retroalimentación crítica en cuestión de horas, responder, pelear, enamorarse, llorar y reir Los foros literarios que la red ofrece por cientos, se convierten en ágora electrónica, y la poesía viaja por el mundo sin que nadie pueda detenerla.

Imaginemos por un rato a poetas inmortales como Borges, sor Juana Inés de la Cruz, Neruda, Octavio Paz, Jaime Sabines, Benedetti, incluso a Miguel de Cervantes o William Shakespeare, sentados en una procesadora de palabras, participando en un Foro poético, polemizando sobre las virtudes de la poesía con el resto de los vates del mundo. Hubieran disfrutado el vuelo de su lírica, estoy seguro, serían poetas excepcionales en los foros y los lectores tendríamos —como la tenemos actualmente— la palabra de los grandes en tiempo real y con la posibilidad de responder a sus llamados.

La globalización no la inventó nadie, no es producto de una epifanía. Nació como consecuencia de los avances tecnológicos: la computación y las telecomunicaciones que convirtieron al mundo en una pequeña aldea —como pronosticó Herbert Marshall McLuhan— que nos permite conversar con personas de todo el mundo, intercambiar experiencias y emociones. Enlaza países, negocios, ideologías, y estupideces, pero también transmite sentimientos, inventa el Eros electrónico como bien lo apunta Román Gubern, comunica al animal simbólico a través de signos y emociones, creando a una nueva clasificación de ser humano: el homo informaticus, que utilizando la poesía como artillería del corazón se transforma en el nuevo homo informaticus liricus, al que podemos leer con sólo apretar un botón.
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