domingo, 13 de mayo de 2012

Charlas con Gurdjieff

Pero cuando estábamos de nuevo solos con G., a menudo destruía con una palabra todo lo que habíamos imaginado sobre nosotros mismos: nos forzaba a ver que, de hecho, todavía no sabíamos ni comprendíamos nada, ni de nosotros mismos , ni de los demás.

«Todo el problema viene de su convencimiento de ser siempre uno y el mismo», decía. «Pero yo tengo una visión muy diferente de ustedes. Por ejemplo, veo que hoy un Ouspensky ha venido aquí, mientras que ayer estuvo otro Ouspensky. En cuanto al doctor, antes de la llegada de ustedes, nosotros dos estábamos juntos, y hablábamos: él era un cierto doctor. Entonces llegaron ustedes. Se me ocurrió echarle una mirada: ya era totalmente otro doctor. Al que vi cuando estaba solo con él, ustedes lo ven muy rara vez».

«Nótenlo bien», dijo G. al respecto: «cada hombre tiene un repertorio definido de papeles que desempeña en circunstancias ordinarias. Tiene un papel para cada clase de circunstancias en que se encuentra habitualmente; pero colóquenlo en circunstancias ligeramente diferentes, y será incapaz de descubrir el papel que concuerda con ellas, y por un breve instante se volverá él mismo.El estudio de los papeles que cada uno desempeña es una parte indispensable del conocimiento de sí. El repertorio de cada hombre es extremadamente limitado. Si un hombre dice simplemente “Yo” e “Iván Ivánovich”, no se verá a sí mismo todo entero, porque “Iván Ivánovich” tampoco es uno solo; cada hombre tiene por lo menos cinco o seis de ellos: uno o dos para su familia, uno o dos para su oficina (uno para sus superiores y el otro para sus subordinados), uno para sus amigos en el restaurante, y otro también, quizá, para las conversaciones intelectuales sobre temas sublimes. Según los momentos, este hombre está completamente identificado con uno u otro, y es incapaz de separarse de él. Ver sus papeles, conocer su propio repertorio, y sobre todo saber cuán limitado es, ya es saber mucho. Pero he aquí lo más importante: fuera de su repertorio, es decir tan pronto algo le haga salir de su rutina, aunque sólo sea por un momento, un hombre se sentirá terriblemente incómodo, y entonces hará todo esfuerzo para volver cuanto antes a uno u otro de sus papeles habituales. Recae en el camino trillado, y todo se encarrila de nuevo sin tropiezos para él: todo sentimiento de malestar y de tensión ha desaparecido. Siempre es así en la vida. Pero en el trabajo, para observarse a sí mismo, es absolutamente necesario admitir este malestar y esta tensión, y no temer ya los estados de incomodidad e impotencia. Sólo a través de estos estados puede un hombre realmente aprender a verse. Y es fácil captar la razón de ello. Cada vez que un hombre no se encuentra en uno de sus papeles habituales, cada vez que no puede hallar dentro de su repertorio el papel que convenga a una situación dada, se siente como un hombre desnudo. Tiene frío, tiene vergüenza, quisiera huir para que nadie lo vea. Sin embargo, surge la pregunta: ¿qué es lo que quiere? Si quiere una vida tranquila, ante todo nunca debe salir de su repertorio. En sus papeles habituales, se siente a sus anchas y en paz. Pero si quiere trabajar sobre sí mismo, tiene que destruir su paz. Pues el trabajo y la paz son incompatibles. Un hombre tiene que escoger, sin engañarse a sí mismo. Esto es lo que le sucede más frecuentemente. En palabras, dice que escoge el trabajo, cuando en realidad no quiere perder su paz. El resultado es que está sentado entre dos sillas. Esta es la más incómoda de todas las posiciones. Un hombre no hace ningún trabajo y sin embargo tampoco obtiene ninguna comodidad.

Desgraciadamente, le es muy difícil mandarlo todo al diablo y comenzar el trabajo real. Y, ¿por qué es tan difícil? Ante todo, porque su vida es demasiado fácil. Aun aquellos que creen que su vida es mala, están habituados a ella, y como ya están habituados, en el fondo poco les importa que sea mala. Pero aquí se encuentran ante algo nuevo y desconocido, de lo cual no saben si podrán o no obtener un resultado. Y lo peor es que tendrán que obedecer a alguien, les será necesario someterse a la voluntad de otro. Si un hombre pudiera inventar para sí mismo dificultades y sacrificios, algunas veces iría muy lejos. De hecho esto es imposible. Es indispensable obedecer a otro hombre y seguir una dirección general de trabajo que no puede ser controlada sino por una sola persona. Para un hombre que se estima capaz, en su vida, de decidir todo y de hacer todo, nada le sería más difícil que esta subordinación. Naturalmente, cuando logra liberarse de sus fantasías y ver lo que es en realidad, la dificultad desaparece. Pero precisamente esta liberación no puede producirse sino en el curso del trabajo. Es difícil comenzar a trabajar y sobre todo continuar trabajando, y es difícil porque la vida corre demasiado fácilmente.»

P.D.Ouspensky

Excelente es el cuarto camino... me recuerda mis primeras clases de aprendizaje de Gnosis me estallo la cabeza ... desde ese instante vivo en mi locura!!! 


Mané
Mujer Felizzz re creando su alrededor
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