martes, 11 de febrero de 2014

la hijaputez, Mané



La hijaputez no tiene límites y hay muchos argentinos lamentablemente como lo que están en el poder que solo saben causar daño.
La maldad y la codicia, la violencia excesiva tiene al país partido en dos.
La vida y la luz son exclusivas de este mundo; la muerte, a la que todos hemos de rendir nuestro tributo, conduce a las almas al reino de la nada.
El muerto yace en su tumba privado de la habla, de la nada.
Es sobre la tierra y no en el tenebroso más allá es donde la justicia divina ejerce su ministerio y castiga al mismo criminal o a sus descendientes, en quienes queda algo siempre de él y el que muere sin sucesión desciende al Hades llevando consigo el dolor, el más sensible de todos: el no dejar quien ostente su nombre.
En estos tiempos resuena con tono más alto y doloroso las miserias, la queja y las penas de la vida de la tenebrosa oscuridad de sus caminos y la incertidumbre de sus resultados, hasta las ingenuas certezas se empañan.

Ya no hay paz en muchos argentinos, se nota los profundos y sombríos valles del dolor en el camino del diario vivir.
A esta hora solo queda la construcción de la palabra, la fe en la existencia, la dignidad, al trabajo silencioso y honesto con conciencia y responsabilidad porque esto es lo que nos sucede y padecemos muchos argentinos.

No es cuestión de ideología, como pretenden confundirnos y engañarnos con su perverso relato desde los que gobiernan, aquí es y radica en una honda y profunda grieta cultural

@ Mané Castro Videla
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