viernes, 16 de diciembre de 2011

La caja dorada

Hace ya algún tiempo, un hombre castigó su pequeña niña de 3 años por desperdiciar un rollo de papel de envoltura dorado. El dinero era escaso en esos días, por lo que explotó en furia, cuando vio a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de navidad.
A pesar de todo, a la mañana siguiente, la niña le llevó el regalo a su padre y le dijo: '"Esto es para ti, Papito'".
Él se sintió avergonzado por su reacción de furia, pero éste volvió a explotar cuando vio que la caja estaba vacía.
Le volvió a gritar diciendo: - “¿Es qué no sabes que cuando das un regalo a alguien, se supone que debes poner algo dentro de la caja?"
La pequeñita volteó hacia arriba con lágrimas en los ojos y le dijo: - "No papito, no está vacía, yo soplé muchos besitos dentro de la caja… todos para ti."
El padre se sintió morir, y abrazando a su pequeña niña, le suplicó que lo perdonara.
Dicen que este hombre guardó esa caja envuelta en papel dorado al lado de su cama por años y siempre que se sentía desanimado o deprimido, abría la caja y tomaba un beso imaginario, recordando el amor que su niña había depositado allí.
En cierta forma, cada uno de nosotros hemos recibido un recipiente dorado, lleno de amor incondicional y besos de nuestros seres queridos: padres, hijos, amigos, familia o de Dios. 
Nadie podría tener jamás una posesión más hermosa que esta.

Reflexión:
Quizás no todos tengamos una caja real llena de besos y amor, pero ciertamente si tenemos una caja sublime ubicada en un rinconcito de nuestra mente, llena de recuerdos cariñosos, abrazos, besos y el amor de nuestros seres queridos.
Algunas veces no pensamos en lo valiosa que es esta caja en nuestras vidas, y nos olvidamos que siempre podemos recurrir a ella para extraer algo de ese amor, cuando nos sentimos agobiados o desconsolados.
Pero lo verdaderamente maravilloso de esta caja, es que siempre la llevamos dentro, y podemos recordar y volver a sentir todo el amor que en algún momento nos han regalado.




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