lunes, 14 de noviembre de 2011

La tercera ilusión es... EXISTE LA SEPARACION




La tercera ilusión es: EXISTE LA SEPARACIÓN


El único escape para el enigma de la segunda ilusión era crear una tercera: El Creador y las creaciones no eran uno solo.
Esto exigía que la mente humana concibiera la posibilidad de lo imposible: Aquello que es Uno no es Uno; Aquello que está Unificado en realidad está separado.
Ésta es la ilusión de separación: la idea de que existe la separación.
La especie humana llegó a la conclusión de que, si las creaciones es­taban separadas del Creador y el Creador les permitía que hicieran lo que les viniera en gana, entonces sería posible que las creaciones hicie­ran algo no aprobado por el Creador.
En estas circunstancias, la Voluntad del Creador podría frustrarse. Dios podía desear algo, pero no obtenerlo.
La separación produce la posibilidad del fracaso, y el fracaso sólo es posible si existe la necesidad.
Una ilusión depende de la otra.
Las primeras tres ilusiones son las decisivas. Tanta importancia tie­nen y tan indispensables son para el sostén de las demás, que se les asig­naron historias culturales separadas a fin de explicarlas y asegurar que fueran explicadas claramente y con frecuencia.
Cada cultura creó su propia historia, pero todas establecieron los mismos puntos básicos, cada una a su manera.
Una de las más famosas es la de Adán y Eva.
Se dice que el primer hombre y la primera mujer fueron creados por Dios y que vivían con alegría en el Jardín del Edén, o Paraíso. Ahí dis­frutaban de vida eterna y comunión con lo Divino.
Se dice que a cambio de la Vida idílica que les regaló, Dios les ordenó sólo una cosa: No coman del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal.
Según esta leyenda, Eva desobedeció la orden y se comió la fruta de todas maneras. Pero la culpa no fue sólo de ella. Fue tentada por una serpiente que en realidad era el ser que los seres humanos llamaron Sa­tán o el diablo.
Y, ¿exactamente quién es este diablo? Según una historia, es un án­gel que tomó el camino del mal, una creación de Dios que se atrevió a ser tan grande como su Creador.
Tal suceso, comenta la historia, es la máxima ofensa, la blasfemia suprema.
Todas las creaciones deben hon­rar al Creador y no pretender ser tan grandes como Él, o más.
En ésta versión específica de la historia cultural principal, ustedes se desviaron de su patrón normal al adjudicarme cualidades que no se re­flejan en la experiencia humana.
En realidad, los creadores humanos desean que sus descendientes se esfuercen por ser tan grandes como ellos, sino es que más.
El mayor pla­cer de los padres sensatos es ver a sus hijos alcanzar y superar su propia situación en la vida, así como sus propios logros.
Se dijo, por otra parte, que Dios se había sentido deshonrado y pro­fundamente ofendido por esto.
Satán, el ángel caído, fue expulsado, se­parado del rebaño, desdeñado, maldecido y, de repente, en la Realidad Máxima existían dos poderes, Dios y Satán; y dos lugares desde los cua­les operaban, el Cielo y el Infierno.
Era el deseo de Satán, según la trama de la historia, tentar a los hu­manos para que desobedecieran la Voluntad de Dios. Ahora Dios y Sa­tán libraban una competencia por el alma del hombre.
Y lo más fascinante es que se trataba de una competencia que Dios podía perder.
Así se demostró que Yo no era un Dios omnipotente después de todo, o que Yo era todopoderoso, pero no quería usar mi poder porque quería librar una pelea justa con Satán.
O que no se trataba de eso, sino de dar a los seres humanos el libre albedrío.
Excepto que, si ustedes ejercieran su libre albedrío de alguna manera que yo no aprobara, los entregaría a Satán, quien los torturaría durante toda la eternidad.
Tales son las complicadas historias que componen la doctrina religiosa de tu planeta.
Por la historia de Adán y Eva, muchas personas han creído que castigué al primer hombre y a la primera mujer, porque ella se comió la fruta prohibida, expulsándolos del Jardín del Edén.
Y (¿puedes creerlo?), castigué a todos y cada uno de los hombres y mujeres que vivieran a partir de ese momento, imponiéndoles la primera culpa y sentenciándolos además a permanecer separados de Mí durante el transcurso de su vida en la Tierra.
A través de ésta y de otras historias igualmente coloridas, se difundieron las primeras tres ilusiones de una manera impresionante para que, sobre todo los niños, no las pudieran olvidar pronto.
Estas historias consiguieron inyectar tanto temor en el corazón de los niños que se repi­tieron una y otra vez en cada una de las nuevas generaciones.
Así, las pri­meras tres ilusiones se anclaron profundamente en la psique humana.

1. Dios tiene un plan (Existe la necesidad)


2. El resultado de la vida es incierto (Existe el fracaso)


3. Estás separado de Dios (Existe la separación)


Aunque la idea de que existen la necesidad y el fracaso es indispensa­ble para el resto de las ilusiones, la idea de que existe la separación tiene mayor impacto sobre los asuntos humanos.
El impacto de la tercera ilusión repercute en la especie humana hasta la fecha.
Si crees que la tercera ilusión es verdad, tendrás una experiencia de la vida.
Si no lo crees, si piensas que en realidad es una ilusión, tendrás otra.
Dos experiencias radicalmente diferentes.
En la actualidad, casi toda la gente de tu planeta cree que la ilusión de separación es real.
Como resultado, las personas se sienten separadas de Dios y separadas entre sí.
La sensación de estar separadas de Mí provoca que a las personas les resulte muy difícil relacionarse conmigo de modo significativo.
Me in­terpretan mal, Me temen, Me suplican ayuda o Me niegan.
Al hacerla, los humanos han perdido la gloriosa oportunidad de usar la mayor fuerza del Universo.
Se han sometido a una vida sobre la que no creen tener control, en condiciones que creen que no pueden cam­biar, y que provocan experiencias y resultados inevitables.
Viven su vida en sumisa desesperación, ofreciendo su dolor, sopor­tándolo con gusto, creyendo que con su callado valor se ganarán el favor suficiente para entrar al Cielo, donde recibirán su recompensa.
Existen muchas razones por las que sufrir sin lamentarse puede ser benéfico para el alma, pero asegurar nuestra recompensa en el Cielo no es una de ellas.
El valor es su propia recompensa y no puede haber una buena razón para causar sufrimiento a otras personas, que es lo que pro­vocan las quejas.
Así pues, el Maestro nunca se lamenta y con ello aminora el sufri­miento tanto a su alrededor como en su interior.
El Maestro no se abstie­ne de lamentarse con el fin de reducir el sufrimiento; él no interpreta la experiencia del dolor como sufrimiento, sino tan sólo como dolor.
El dolor es una experiencia.
El sufrimiento es un juicio que se hace a partir de esa experiencia.
Según muchos, el dolor que experimentan no es aceptable y no debería ocurrir. No obstante, el grado en el cual el do­lor se acepta como perfecto es equivalente al grado en el cual es posible eliminar el sufrimiento en la vida.
Gracias a esta comprensión, los Maestros superan todo el sufrimiento, aunque no escapen por completo al dolor.
Incluso quienes no han alcanzado esta maestría han experimentado la diferencia entre el dolor y el sufrimiento. Un ejemplo podría ser la ex­tracción de una muela muy dolorosa. La extracción duele, pero es un dolor muy bienvenido.
La sensación de estar separados de Mí impide a los seres humanos usarme, llamarme, entablar una amistad conmigo y aprovechar todo el potencial de Mi poder creativo y curativo, ya sea para poner fin al sufri­miento, o con cualquier otro fin.
Su sensación de estar separados unos de otros les permite hacerse co­sas que jamás se harían a sí mismos. Al no poder reconocer que se las ha­cen a sí mismos, producen y reproducen resultados desagradables en su vida cotidiana y en su experiencia sobre el planeta.
Se ha dicho que la especie humana se enfrenta a los mismos proble­mas desde los albores de la historia y es verdad, pero quizá ahora en me­nor grado.
La avaricia, la violencia, los celos y otras conductas que ustedes no consideran benéficas para nadie aún son exhibidas por los miembros de su especie, aunque en la actualidad por una minoría. Ésta es una señal de su evolución.
No obstante, los esfuerzos de su sociedad no están dirigidos total­mente a la modificación de estas conductas, sino a su castigo. Se cree que el castigo las corregirá. Algunas personas aún no comprenden que, si no modifican las condiciones sociales que generan e invitan esas con­ductas indeseables, no arreglarán nada.
Un análisis objetivo lo demuestra, sin embargo muchas personas desconocen la evidencia y siguen intentando resolver los problemas de la sociedad precisamente con la energía que los generó.
Pretenden su­primir las matanzas con matanzas, dar fin a la violencia con violencia, sofocar la ira con ira. Y, al mismo tiempo, les es imposible advertir su propia hipocresía y, por tanto, la personifican.
El hecho de reconocer las primeras tres ilusiones como tales provocaría que todo el mundo dejara de negar la Unidad de todo lo que tiene Vida y se pudiera evitar la destrucción de toda la vida en el planeta.
Muchos individuos continúan percibiéndose separados unos de otros, de todos los seres vivos y de Dios.
Perciben que se autodestruyen y no obstante, aseguran que no comprenden cómo lo hacen.
Afirman que seguramente no por sus propias acciones.
No pueden apreciar la cone­xión que hay entre sus decisiones y elecciones personales y el mundo.
Estas son las creencias de muchos y, si deseas que cambien, de ti de­pende modificarlo porque tú comprendes de verdad la causa y el efecto.
En cambio, tus semejantes creen que no tiene ningún efecto negativo en El Todo derribar cientos de miles de árboles cada semana para que pue­dan recibir su periódico dominical.
No tiene efecto negativo en El Todo llevar impurezas de todo tipo a la atmósfera a fin de que no cambie su estilo de vida.
No tiene efecto negativo en El Todo que fumen cigarrillos, que coman carne roja a todas horas o que consuman grandes cantidades de al­cohol, y ya se hartaron de que la gente les diga que sí lo tiene.
Se dicen que no tiene efecto negativo, y están hartos de que la gente les diga que sí.
Se dicen que las conductas de los individuos no tienen un efecto tan negativo en El Todo como para provocar su colapso.
Eso sólo sería posible si nada estuviera separado, si de veras El Todo se hiciera todo eso a sí mis­mo. Y eso es absurdo.
La tercera ilusión es verdad. Estamos separados.
Aún así, las acciones separadas de los seres separados, que no se encuentran unidos entre sí, ni unidos con la Vida entera, parecen tener un efecto muy real en la vida misma. En la actualidad, por fin, cada vez más personas comienzan a reconocerlo conforme van progresando de una ideología cultural primitiva a una más evolucionada.
Esto se debe al trabajo que hacen tú y otros como tú. Pues tú has alzado la voz. Has hecho sonar la alarma. Te has unido al esfuerzo por despertamos mutuamente, cada uno a su manera, algunos de forma callada e individual, otros en grupo.
En tiempos pasados, aquellos de ustedes listos y dispuestos a despertar a los demás eran muy contados. Así, el grueso de la gente vivía inmersa en sus ilusiones y se sentía desconcertada. ¿Por qué debería representar un problema el hecho de que estén separados unos de otros? ¿Cómo podría dejar de funcionar cualquier concepto ajeno a la vida co­munal: uno para todos y todos para uno?
Empezaron a plantearse este tipo de preguntas. Era evidente que había un defecto en la tercera ilusión. Esto debió poner en claro que la idea de separación era falsa, pero ustedes sabían en un nivel muy profundo que no podían abandonar la ilusión o algo muy importante llegaría a su fin.
También en este caso tenían razón. Pero nuevamente cometieron un error.
En lugar de ver la ilusión como tal y usarla para el fin que preten­día, pensaron que debían corregir su defecto.
Con el fin de corregir el defecto de la tercera ilusión crearon la cuarta: ILUSION DE INSUFICIENCIA






Comunión con Dios.
Neale Donald Walsch
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