viernes, 18 de noviembre de 2011

La séptima ilusión es: EXISTE LA CONDENACIÓN

El juicio debía tener una consecuencia. Si existía un juicio, debía ser por algo.

Era evidente que uno era juzgado con el fin de determinar si merecía recibir los premios por cumplir con el requisito.
Lo elaboraron recabando información e intentando encontrar la respuesta remitiéndose a las historias originarias de su cultura y a las primeras ilusiones en que se basaban.
La explicación que se dieron fue que los había separado de Mí por no haber cumplido con Mi primer requisito.
Cuando eran perfectos, vivían en un mundo perfecto, el Paraíso, y disfrutaban de la vida eterna. Pero cuando cometieron el pecado original se volvieron imperfectos, y su gama de perfecciones se acabó.
Lo más perfecto de su mundo perfecto era que no se morían. No existía la muerte. No obstante, al finalizar su vida perfecta, pensaron que la cuarta ilusión era cierta. Existe la insuficiencia. No hay suficiente. Ni siquiera había suficiente Vida.
La muerte era la consecuencia, el castigo porno cumplir con el requisito.
Pero, ¿cómo?, se preguntaron los pensadores más avanzados de su especie. Si todo muere, ¿cómo podía ser la muerte el castigo por no cumplir el requisito? incluso los que sí lo cumplían se morían!
Tal vez la razón de que existiera la muerte fuera simplemente la insuficiencia del Universo. La insuficiencia imperaba. Esto lo dedujeron de la cuarta ilusión.
Pero si la muerte era resultado de la insuficiencia, entonces cuál era realmente el resultado de no cumplir con el requisito?
Había algún error. No tenía sentido. Regresaron al mito original. Dios expulsó a Adán y a Eva del Jardín por no cumplir el requisito. Esto creó la separación, lo cual creó la insuficiencia, lo cual creó el requisito.
De modo que la insuficiencia es la consecuencia del castigo de Dios. El castigo fue la separación; y la insuficiencia, el resultado. La muerte es insuficiencia de Vida, y por extensión, el castigo.
Así lo razonaron. El propósito de morirse debía ser el castigo por no cumplir el requisito, pues sin la muerte sólo quedaba lo que siempre había existido, a saber, la Vida Eterna. Y si pudieran vivir eternamente, cuál sería la consecuencia de no cumplir el requisito de Dios?
De este modo lo que siempre ha existido recibió el nombre de premio. ¡Eso es!, se dijeron. La Vida Eterna es el premio. Pero entonces surgió otro dilema. Si existía la muerte, la Vida Eterna no podía existir. Hmmmm. Un nuevo reto: cómo concebir que ambas puedan existir aunque parezcan excluirse mutuamente.
Decidieron que la muerte del cuerpo físico no significaba la muerte. Decidieron que la vida debía continuar después de la muerte física, ya que la existencia de la muerte excluía la posibilidad de una vida sin fin.
Pero, si la vida continuaba después de la muerte física, entonces, cuál era el objeto de la muerte?

No tenía objeto. Así que fue necesario crear otra consecuencia en la vida posterior a la muerte. Lo llamaron condenación.
Pensándolo bien, encajaba a la perfección. Concordaba con lo establecido en la segunda ilusión: el resultado de la vida es incierto; ¡existe el fracaso!
Ahora podían tenerlo todo. Podían tener muerte y Vida Eterna, castigo y premio. Al situarse después de la muerte, se convencieron de que la muerte no era el castigo, sino la máxima manifestación de la insuficiencia, la evidencia más impresionante de que existía la cuarta ilusión.
Ahora sí que era cierto que una ilusión sostenía a la otra. La conexión era perfecta. Habían acabado su tarea y se encontraban ante la realidad producida por su cultura, así como por su creación ilimitada y por el legado de los mitos que la fortalecían.
Los mitos son el sostén de la Historia y la Historia es el sostén de las ilusiones. Ésta es la superestructura de su cosmología. Éstos son los fundamentos de su razonamiento. Y todos son falsos.

La muerte no existe. Decir que existe la muerte es como decir que tú no existes, y tú eres la Vida misma.
Decir que existe la muerte es como decir que Dios no existe, y Dios es todo lo que existe (Dios es justamente eso). Y si todo forma parte de una unidad (lo cual es cierto), si algo muere, todo muere, Dios también. Si algo muere, Dios muere.
Esto, claro, no puede ser. Por lo tanto, debes saber lo siguiente: la muerte y Dios se excluyen mutuamente. No es posible que existan a la vez.
Si la muerte existe, Dios no existe. O Dios no es todo lo que existe. Dicha conclusión da lugar a una pregunta interesante. ¿Existe algo que no sea Dios?
Si crees que existe Dios, pero también algo que no sea Dios, entonces puedes creer en muchas cosas. No sólo en la muerte, sino en el diablo y en todo lo que se te ocurra.
Por otro lado, si crees que Dios es la energía de la Vida y que la energía nunca muere sino que sólo se transforma; que esa energía Divina no sólo se encuentra dentro _de todo, sino que lo es todo; y que es la energía que da forma a aquello que ha tomado forma, entonces estás a un paso de comprender que la muerte no puede ni podrá existir.
Ésta es la verdad. Yo soy la energía de la Vida. Yo soy el que da forma a aquello que ha tomado forma. Todo lo que ves es Dios, con formas diferentes. Todos ustedes son Dios, en formación. O, dicho de otro modo, ustedes son información de Dios.
Ya te lo he dicho antes, pero ahora tal vez lo puedas comprender de verdad.
He reiterado muchas cosas en nuestras conversaciones; y lo he hecho a propósito para que asimiles por completo todos los conceptos expuestos, antes de que intentes entender los siguientes.
Quizás alguien desee avanzar más rápido. Tal vez piense "Bien, ¡ya lo entendí!" Sin embargo, ¿realmente lo entiendes? La vida que llevas es la demostración de lo que has entendido y lo que no. Es el reflejo de tus razonamientos más profundos.
Si en tu vida gozas de alegría constante y dicha absoluta, es que ya lo has entendido. Significa que tu vida no tiene las condiciones que causan dolor, sufrimiento y desilusión. En realidad significa que vives con alegría a pesar de las condiciones. Tu percepción no se basa en condiciones.
Eso es amor incondicional, del cual te he hablado muchas veces. Quizá lo sientas respecto a otra persona, o por la Vida misma.
Cuando sientes un amor incondicional por la Vida, entonces amas la vida tal y como es, en este momento y lugar. Esto sólo es posible cuando "ves perfección".
Te digo que todo y todos son perfectos. Cuando lo comprendas, estarás alcanzando la Maestría. Sin embargo, sólo lo comprenderás cuando sepas exactamente cuál es el motivo de la gente, cuál es el propósito de todo lo que existe bajo el cielo.
Por ejemplo, cuando entiendas que el motivo de que repita los puntos principales de este diálogo es que te adentres en tus propios razonamientos y que te acerques cada vez más a la Maestría, entonces te encantará que te lo repita, porque comprenderás su beneficio. Abrazarás el regalo.
Con ello podrás vivir con ecuanimidad este momento y todos los momentos de tu vida, sin importar lo desagradables que te parecieran antes. Te sentirás ecuánime incluso en los momentos previos a tu muerte, pues podrás ver que también tu muerte es perfecta.
Dominarás el uso de la ecuanimidad cuando comprendas que en cada momento algo muere. Cada momento es el fin de tu vida anterior y el comienzo de una nueva vida, tal como decidas que sea.
En cada instante te vuelves a crear, sea de manera consciente o inconsciente; a sabiendas o no de lo que está ocurriendo.
No necesitas enfrentar el momento de lo que antes denominabas "muerte" para experimentar más vida. Puedes experimentar más vida cada vez que así lo desees, de cientos de maneras diferentes, cien veces diferentes, al momento de tu nacimiento, al momento de tu muerte, o en cualquier momento.
Te lo prometo: Vas a sentir más vida cuando te mueras físicamente y con ello te convencerás, más que nunca, de que sí hay más vida, que la vida sigue y que jamás termina. En ese instante te darás cuenta de que nunca hubo insuficiencia de vida y de que nunca hubo insuficiencia de la materia de la vida.
Eso desvanecerá la cuarta ilusión para siempre. Pero puedes lograrlo antes del momento de tu muerte y ése es el mensaje que aquí te doy.
La manera de producir más vida es experimentar más muerte. ¡No permitas que la muerte ocurra una sola vez en tu vida! Experimenta cada momento de la vida como una muerte, pues así cambiará realmente la idea que tienes de ella y aceptarás que es tan sólo el fin de una experiencia y el comienzo de otra.
Cuando lo logres, podrás celebrar un pequeño funeral por cada instante que ha pasado, por lo que ha muerto. Y podrás mirar al frente y crear el futuro, comprendiendo que hay futuro, que hay más Vida.
Cuando lo comprendas, desaparecerá la idea de que no hay suficiente y podrás comenzar a emplear cada dorado instante del presente de una forma nueva, con una nueva comprensión y una apreciación más profunda; con mayor conciencia y más discernimiento, y tu vida nunca volverá a ser igual.

Una vez que entiendas que siempre hay Vida, aprenderás a aprovechar la ilusión de insuficiencia de vida. La ilusión te servirá de ayuda, en lugar de ser un obstáculo, cuando recorras el sendero de regreso a casa.
Puedes relajarte; ya sabes que tienes más tiempo, a pesar de la ilusión de que el tiempo se está agotando. Puedes crear con gran eficiencia, pues sabes que tienes más Vida, a pesar de la ilusión de que tu vida se acaba. Puedes encontrar paz y alegría, a pesar de la ilusión de que no hay suficiente de lo que crees necesitar, pues ahora sabes que sí hay suficiente. Hay suficiente tiempo, suficiente vida y suficiente materia de vida para que puedas vivir con felicidad eternamente.
Cuando te permitas concebir que hay suficiente de lo que considerabas insuficiente, comenzarán a ocurrir cambios extraordinarios en tu manera de vivir.
Cuando entiendas que hay suficiente, dejarás de competir con los demás. Dejarás de competir por el amor, el dinero, el sexo, el poder o cualquier cosa que antes creías era insuficiente. ¡Se acabó la competencia!
Esto lo transforma todo. Ahora, en lugar de competir con los demás para obtener lo que desees, comenzarás a regalarlo. En lugar de pelear por conseguir más amor, empezarás a dar más. En lugar de luchar para lograr más éxito, te cerciorarás de que los demás lo tengan. En lugar de esforzarte por detentar el poder, comenzarás a otorgárselo a los demás.
En lugar de buscar afecto, atención, satisfacción sexual y seguridad emocional, descubrirás que tú eres la fuente de todo ello. Darás a los demás todo lo que alguna vez deseaste. Y lo asombroso es que, en la medida en que des, también recibirás. De repente tendrás más de lo que regales.
El motivo es muy claro. No tiene nada que ver con que tus actos sean "moralmente correctos", "espiritualmente iluminados" ni "La Voluntad de Dios". Se debe a una verdad muy sencilla: No hay nadie más. Sólo existe Uno.
Sin embargo, la ilusión indica que no es así. Dice que están separados entre sí y separados de Mí. Muestra que no hay suficiente, ni siquiera de Mí, de modo que, debes tomar medidas para obtenerlo. Dice que serás vigilado muy de cerca para que así sea y que, si no lo haces, serás condenado.
No parece un acto muy amoroso. Y, sin embargo, si algo han enseñado todas sus culturas es que Dios es Amor. Amor Supremo. Amor Absoluto. Amor Incalculable. No obstante, si Dios es Amor, ¿cómo puede existir la compensación? ¿Cómo nos puede sentenciar Dios a una tortura eterna fuera del alcance de cualquier descripción?
Los seres humanos comenzaron a formularse estas preguntas.
Era evidente que la séptima ilusión tenía un defecto. Esto debió poner en evidencia que la idea de condenación era falsa, pero ustedes sabían, en un nivel muy profundo, que no podían abandonar la ilusión o algo muy importante llegaría a su fin.
Una vez más, tenían razón. Pero también aquí cometieron un error.
En lugar de identificar la ilusión como tal y usarla para el fin que pretendía, pensaron que debían corregir su defecto.
Con el fin de corregir el defecto de la séptima ilusión crearon la octava


La octava ilusión es: EXISTE LA CONDICIONALIDAD


Comunión con Dios
Neal Donald Walsch
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